“Nunca, Primero Me Matan Tres Veces”

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En las calles del mundo se habla de una supuesta naturaleza masculina imposible de cambiar, se habla de sociedades machistas, de mujeres maltratadas física y psicológicamente, se habla de dolor…Para que exista más equilibrio o mejor, para que exista más amor, LO QUE FALTA ES CARÁCTER en las miradas y en las acciones de hombres y mujeres. Falta creer en la realidad y en la capacidad cerebral que todos tenemos; sí, la clave está en el cerebro. Por lo general escuchamos que se habla de corazón, de alma, de sentimientos, pero todo esto son interpretaciones simbólicas del trabajo que realizan nuestras neuronas, que finalmente depende de las conexiones que nosotros mismos estimulemos.

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¿Cómo juzgar a un hombre por su comportamiento machista si éste ha sido validado y hasta potenciado por las mismas mujeres? ¿Cómo juzgar a una mujer que potencia el machismo si ha perdido la credibilidad en los hombres y hasta la autoestima? En nuestro país se potencia el machismo con dichos como “un clavo saca a otro clavo” o cuando se habla con acciones de mujeres y hombres que se permiten entrar en medio de una relación estable, que se dejan invitar a un momento de placer esporádico que viene y se va pasando por encima de la energía que existe entre otra unión. Aparentemente es natural del ser humano masculino dar mayor prioridad al cerebro reptil, pero es aún más natural de nuestra existencia en general (hombres, mujeres, etc) la capacidad evolutiva, avanzar. Nacemos con una estructura cerebral diferente, con patrones cerebrales que determinan muchas de nuestras cualidades como seres humanos, pero “no nacemos con un microchip en el cerebro que nos dice cómo vamos a ser”, el ambiente social y cultural es determinante y podemos moldear nuestras costumbres, generar conexiones neuronales que determinen nuestro comportamiento.

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Es cuestión de carácter, de hombres, de mujeres, de todos. De mirar a los ojos fijamente y ser capaces de decir con determinación SÍ o NO. Es cuestión de permitir que nuestro cerebro trabaje más allá del impulso, de permitir y validar el esfuerzo y no la ley de lo fácil, de desarrollar esas conexiones…es cuestión de ser inteligentes, como lo dijo Rodolfo Llinás en una entrevista cuando le preguntaron sobre el amor eterno:

Ese es de inteligentes que estructuran y modulan los patrones de acción fijos sobre la base de ver al otro como la mano de uno. Cuidarla es mi responsabilidad y viceversa. Saber que no habrá puñalada trapera es la norma. ¡Nunca, primero me matan tres veces! Esa es la clave neuronal del amor eterno, la que mantiene el estado funcional activo y bloquea cualquier cosa que le sea contraria. Es una calidad de estado mental. Si se entiende no hay otra posibilidad que amar al otro; en cambio, querer acostarse con otro y pasarla rico no es amor. Amor es compromiso y cerebralmente está en el cerebro truhán. Uno no se enamora de una mujer porque tiene unas tetas buenísimas, uno se enamora de su cerebro, porque con él se interactúa y se avanza, con las tetas no.Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia. Encontrar eso es muy difícil; hallarlo es un tesoro.

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