Las Hojas Renacen de la Pavesa

“…Nos cuesta tanto manejar los errores que, si no podemos evitarlos, procuramos negarlos u olvidarlos pues confirman nuestra falibilidad. La mayor parte del tiempo no enmendamos el yerro: confiamos en que la equivocación se quede al costado del camino por falta de combustible mientras nosotros seguimos adelante en la carretera de nuestras vidas.”

(Artículo en revista El Malpensante: “El Error que Somos” por Diego Fonseca)
 


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Algunos días pienso en números (y en coincidencias): 9 meses, 40 semanas, 30, 31 a veces 28 días, 4 semanas, a veces son 5, hoy tengo 30 años ¿cuantas veces, cuantos cambios? La forma en que la naturaleza se transforma y nos transforma desde que somos concebidos, es algo impresionante y abrumador: cierro los ojos e intento imaginar la imperturbable oscuridad, la calma flotante dentro del útero de mi madre y luego, la luz pálida ardiente de un espacio frío, poco acogedor; minutos después, los brazos vigorosos y calurosos de mi padre…unos años más y estoy frente al sonido del mar, el silencio de un cañadulzal ardiente en la distancia, el olor de la pavesa que logra colarse en el rincón menos pensado, en los rincones de mi alma y ahí, justo frente a la puerta, las voces de ellas, mujeres protegiendo por años un corazón que no esperaban dejar cubrir de tanta pavesa.

Todo continúa en constante movimiento, algunas cosas se regeneran, otras mueren, otras renacen y otras se transforman, otras toman mucho tiempo o requieren de un evento drástico que las transforme. No hace mucho tiempo, pensaba esto de la humanidad, pensaba que necesitamos un apretón de las raíces de la naturaleza, de su energía, un impacto que nos atraviese violentamente y haga renacer las hojas de nuestra existencia.

Cuando algún pensador o escritor menciona la “aceptación”, no se refieren a un movimiento mediocre, carente de energía. La aceptación es fuerza, es la potencia de la naturaleza que se sale de nuestras manos, es el universo explotando no ante nuestros ojos, sino desde nuestro centro vital y sí, como todas las cosas buenas y valiosas de la vida, requiere de esfuerzo verdadero. Hoy le grito a mis entrañas, como una implosión, reconociendo y aceptando “el error que soy” para luego sentir lo posibilidad encendida de una luna que nunca se rindió.

“…quien ‘ha llegado’ a ser algo detestable, como sigue siendo humano aún puede volver a transformarse de nuevo en lo más conveniente para nosotros, lo más imprescindible…”

(Ética Para Amador, Fernando Savater)

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